Jainko barraka
La línea discursiva de este trabajo se centra en un neorrealismo social, que testimonia desde la plasticidad el modelo actual de ciudad neoliberal y su propia obsolescencia. Causas como el cambio climático que hace aún más insoportable la ciudad y nos empuja a realizar salidas a estar en contacto con la naturaleza. La gentrificación creada por un ejemplo de turismo insostenible y el oligopolio de especuladores. Las luchas de intereses y su consecuente violencia. O Las condiciones materiales de una generación joven con capacidad de ahorro nula.
El acto pictórico de esta colección, nace de las idas y venidas causadas por la dualidad entre la falta de esperanza y el optimismo de cara a un cambio social. La vitalidad intrínseca de la juventud que intenta hacer algo contra los conflictos mencionados y la paulatina muerte de la subversión, me atrapan a la hora de crear. Pintar sensaciones que conducen hacia sociedades utópicas. Partiendo desde la dicotomía que plantean el aceleracionismo y el desaceleracionismo. Sin saber con claridad si merece la pena aceptar el sufrimiento y el caos del presente por la esperanza de un futuro mejor más cercano
La gran ciudad ha fracasado. Está más que obsoleta. La escalabilidad y el crecimiento no son sinónimos de bienestar y contra la humanidad atentan. Las tormentas y las olas de calor no dan descanso y el balconing se apropia de nuestros hogares. Abundan choques de intereses que terminan en altercados entre el último y el penúltimo.
Por la urbe erran chavales cargando su propio ataúd a hombros. Y aunque en un principio izaban una bandera negra con una calavera, poco a poco se han ido tiñendo de blanco. Juegan al escondite con el tiempo. Estos mismos, cayeron en trampas que no supieron esquivar, queriendo cobrar promesas que a día de hoy están más que quebradas. A un paso de tener cuerpos empadronados en tiendas de campaña, se reúnen en la plaza perseverancia.
El cemento destiñe incluso la saturación más desbocada y su tacto causa dentera. Los cambios de ritmo frenéticos han sido avisados por marcas amarillas de carga y descarga tatuadas en la horizontalidad del asfalto. Parece un Impacto TV constante.
Practicando senderismo por las aceras, te puedes cruzar algunos verdes, que saludan, pero sacas el móvil y simulas una llamada.
Inongoa
Añiles oscuros barnizan la noche e incapacitan a cualquiera a la hora de encontrar las entradas de emergencia. Aun con aliento a disolvente, salimos de la última sesión del cine y las pupilas tienen que acomodarse al fogonazo de las linternas de la calle.
A sabiendas de estar a dos días de convertirnos en refugiados climáticos, aprietan sin miedo la boquilla en dirección al muro y compuestos orgánicos volátiles despegan sin dudar. Los rayos de sol de enero que atraviesan la luna delantera derriten hasta al más negro y tienen a una mosca invernal desorientada. Dan ganas de salir fuera y mojarse de las lágrimas negras que lloran las nubes.
El eco de los arrullos y gorjeos de las palomas dan banda sonora a todas estas escenas. ¿Será el condicionamiento operante de Skinner lo que persigue este monopolio de la violencia? Puede que sean humanos disfrazados de palomas y palomas disfrazados de humanos. Gurús del desarrollo personal y salones de juego lanzan migas de pan irresistibles sin parar y todas caen en la emboscada creyendo triunfar.
Salidas y excursiones fuera del laberinto de calles son tan necesarias para estos seres como el pigmento para las canas del lienzo. Recurren a intercambiar ideas tras el humo de la barbacoa, pescar pudiendo ver a Sirio o a jugar partidos de vóley playa aun pisando la fría arena.